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Ene

Villa Diodati: la cuna suiza de Frankenstein

Hace 200 años, exactamente el 1 de enero de 1818, se publicaba en Londres el libro de Mary Shelley «Frankenstein o el moderno prometeo». Pero para conocer cómo se gestó esta misteriosa historia debemos trasladarnos en el tiempo hasta 1816 y ver cómo una pandilla de jóvenes amigos, capitaneados por Lord Byron, se reunieron en Villa Diodati, una mansión situada junto al lago Lemán, en las cercanías de Ginebra, para pasar una agradable velada entre charlas, risas y juegos. Dicen que por entonces había entrado en erupción el volcán Tambora, en Indonesia, y que el clima en todo el mundo era muy irregular, con un toque gris profundo en la atmósfera.

Esa noche, los allí reunidos, entre ellos Mary Shelley y el que después sería su marido, el poeta Percy Bysshe Shelley, además del médico y también escritor John Polidori, fueron testigos de una espectacular tormenta que les hizo divagar y fantasear sobre el miedo y los monstruos. Parece ser que, encerrados como estaban, Lord Byron retó a todos a escribir una historia de terror. Y así, de aquella iniciativa, nació Frankenstein. Surgió en la mente de una muchacha que apenas acababa de cumplir 19 años: Mary Shelley.

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Vista parcial del Lago Lemán, en las cercanías de Lausana.

Otra pandilla de amigos

Dos siglos después de aquello, otra pandilla de amigos –muchos de ellos escritores-, se han asociado bajo el nombre de Hijos de Mary Shelley con el fin de rendir tributo a aquella aventura literaria nacida en Suiza. Se les ha ocurrido de todo –mesas redondas, concursos, talleres, antologías, festivales del libro…- y, entre otros muchos proyectos, han puesto en marcha, bajo esta denominación, la primera compañía teatral de género fantástico, con la que estrenaron hace unos meses El hogar del monstruo.

Tenían tanto que mostrar al público que aquí ensamblaron dos programas diferentes en un montaje capitaneado por Vanessa Montfort y que pretendía seguir subiéndose a las tablas de toda España, divulgando así, en distinto formato, textos escritos por la propia Vanessa Montfort, Fernando Marías, Espido Freire, José Carlos Somoza y José Sanchis Sinisterra. Todos reflexionan sobre los monstruos, cada uno a su manera, y algunos se atrevieron a salir (y de forma muy airosa) al escenario a representar sus creaciones y sus propios miedos.

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Vals de Mary Shelley, en «El hogar del monstruo». Foto: Laura Muñoz-Hermida.

De Drácula a los zombis

Vanessa Monfort, autora de la novela “Mujeres que compran flores” (Plaza y Janés), dice que “todos los monstruos son hijos de su tiempo. Frankenstein lo fue de la revolución científica del siglo XIX, Drácula del Romanticismo y quién sabe si los zombis surgieron de la sociedad de masas del siglo XX”. Precisamente de una pregunta, “¿qué monstruos nos traerá el siglo XXI?”, nace el proyecto fantástico (en su sentido más literal) Hijos de Mary Shelley. Hasta ahora, se habían concentrado sólo en la literatura y cada cierto tiempo publicaban una antología de textos “monstruosos”… pero sus criaturas han ido creciendo y ahora cobran vida en escena… y es tanta la ilusión y tantas las ganas de emprender de quienes forman este equipo que, periódicamente, reproducen el encuentro de Villa Diodati en un entorno similar. Y lo abren al público interesado. Diodati se mueve es el lema de sus singulares viajes de aventura, a la manera de los poetas románticos.

Viajar en el tiempo

La próxima escapada está a punto de comenzar. Tendrá lugar del 2 al 4 de marzo en la hospedería del siglo XVII El Ventorro de Alhama de Granada y tendrá como eje vertebral  el lema «Ciencia o ficción, ¿es posible viajar en el tiempo?». Habrá literatura, luna llena, guitarra y teatro. Y, entre los anfitriones, estarán Fernando Marías, José Carlos Somoza, Neonymus, Rosa Masip y Manuel Masip.

“El terror, lo fantástico o lo gótico son expresiones de la soledad del alma humana que inspiraron a los autores de hace 200 años e inspiran hoy a la compañía Hijos de Mary Shelley”, apunta Fernando Marías, quien resalta el elevado componente humano que habita en cada monstruo. “Soy malvado porque soy desdichado”, decía Frankenstein, mientras reivindicaba el cariño de su creador, Victor Frankenstein. Por eso, Fernando Marías entiende su estado emocional, se pone en su piel y manifiesta que le hubiera encantado formar parte de la reunión de Villa Diodati en aquel ya lejano 1816, cuando Mary Shelley gestó el embrión de uno de los seres fantásticos más fascinantes de la literatura universal y John William Polidori, el médico personal de Byron, dio a luz “El vampiro”, que después sirvió de inspiración, al parecer, a Bram Stoker para escribir “Drácula”. Hay que recordar que, para Mary Shelley, la Villa Diodati donde nació su criatura era un lugar culturalmente sagrado, porque allí habían estado nada menos que John Milton, Rousseau y Voltaire.

Resulta curioso que en un mundo tan pragmático y tecnológico como el siglo XXI los monstruos aparezcan con tanta fuerza y reivindiquen su espacio en la literatura, el arte, el teatro y el cine de hoy, como ya lo hicieron en tiempos pasados. Si Frankenstein levantara la cabeza, seguramente se hubiera sentido mucho menos solo. Y más comprendido.

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