07
Ene

La niña que soñaba con bibliotecas

 

Había una vez una niña que soñaba con ser algún día bibliotecaria. Sus novios eran sus libros y sus manos curiosas desnudaban historias contadas con palabras. Han pasado los años, algunos. Y aquella niña rubia, María del Mar, es hoy la bibliotecaria ¡del mar! en Cabo de Gata. De alguna manera, siempre lo ha sido. Porque a la pregunta de cuántos libros hacen una biblioteca, ella misma reconoce que “una balda es una biblioteca, ésa que tienes sobre tu cama con 10 años y que vas atesorando con tanto cariño, que va creciendo poco a poco y que te lleva a ser bibliotecaria”. 

Recuperamos aquí al escritor Patrick Ness: “Los bibliotecarios son guías turísticos de todo el conocimiento”. Empecemos entonces sin demora el viaje a esa biblioteca, “una puerta abierta a la imaginación”. Y así, con esa frase que huele a sueño y ensueño, entramos en la biblioteca de Cabo de Gata, en Almería.

Porque  Google puede devolverte 100.000 respuestas, pero un bibliotecario puede devolverte la correcta… “o ayudarte a encontrar el camino para buscar por ti mismo la información, que es mucho más gratificante”, dice María Sicre. Ama los libros por encima de todas las cosas y ha convertido ese espacio en la Costa Mediterránea en un lugar de culto. Lo sabe ella y aquellos que la visitan a diario. Respeto, silencio, apetito por saber, curiosidad…

Guardián de libros

El origen de la palabra biblioteca del griego biblion significa libro y teca significa caja, lo que puede traducirse como lugar donde se guardan los libros. Y en Cabo de Gata se guardan libros. Menos de los que María y sus compañeras desearían, seguramente. ”Porque cuando tienes un presupuesto reducido y tienes que elegir entre tantos que te llevarías de la librería, es muy complicado. Intentas acertar, que los libros que compras sean los que quieren los lectores, que nada que compres se quede sin leer. Lo intentamos, pero a veces erramos”.

No importa María. Porque «las bibliotecas sin bibliotecarios, nada”.  Y sin bibliotecarios como María Sicre, menos. En 2003 se inauguraba esta biblioteca junto al mar y en 2005 llegaba Sicre después de toda una vida entre documentos, fotos y sonido.

En su cartera guarda el carné de identidad, el carné de conducir y el más importante, el de la biblioteca. Aunque asegura que “los bibliotecarios de pueblo pequeño, o de barrio como es mi caso, somos muy flexibles, nos conformamos con cualquier documento, incluso los guardamos para que no tengan que pasearlo nuestros usuarios, lo que quieras traernos para poder llevarte un libro que te motive”.

Por motivación no será. Porque el ADN de una bibliotecaria es química pura. La función principal de la molécula del ácido desoxirriblonucleico es el almacenamiento a largo plazo de información para construir otros componentes de las células. E información es lo que tiene María y, ponemos la mano en el fuego, todos los bibliotecarios con vocación. Porque una bibliotecaria está hecha “de curiosidad, de ganas de seguir aprendiendo, siempre hay algo nuevo que te aporta un libro, una película o un usuario”.

Y en Cabo de Gata desde la lectora más mayor “Ángeles, una mujer muy interesante, que la última vez que vino me cantó una coplilla que conocía de niña sobre el crimen del Cortijo del Fraile (Bodas de Sangre”), hasta el más joven “Adrián, y el más curioso” siempre aportan un extra. En términos macro hablaríamos de activos, de valores selectivos, pero nos movemos en otro nivel. No contamos números, sino almas curiosas.

¿Una biblioteca vacía es un fracaso? “No, está esperando que vuelvan sus usuarios, que se fueron por un tiempo, porque esto es un camino de ida y vuelta. Lectores que después de años se reencuentran con su libro»

Sin pretensión de hacer daño, ¿una biblioteca vacía es un fracaso? “No, está esperando que vuelvan sus usuarios, que se fueron por un tiempo, porque esto es un camino de ida y vuelta. Lectores, y sobre todo lectoras, voraces con 12 años, que nos olvidan a los 18 pero que vuelven a los 35, se reencuentran con su libro, ese amigo al que a veces dejamos a un lado y que nunca olvidamos, y ya no nos abandonan”.

Un camino de ida y vuelta, dice María. Como esta agencia. Porque en Ida y Vuelta Comunicación queremos y creemos que hay caminos que vuelven. Como un boomerang. Así son y deber ser las bibliotecas. Así es la de Cabo de Gata. “Pequeñita, con un mobiliario ya un poco añejo, pero acogedora, repleta de libros, con menos espacio del que quisiéramos, pero abierta a todos nuestros vecinos y veraneantes, que también la aprecian mucho (sobre todo el wifi y el fresquito en verano), a sus deseos y necesidades, abierta a todos”.

Inspirados por ese olor a mar y sal, por ese sol de Almería, no podemos evitar la pregunta. ¿Esta biblioteca huele a papel o a tablet? “A las dos cosas, no son incompatibles, yo soy una firme defensora del contenido digital, ebiblio me parece una maravilla. Ponemos en manos de nuestros lectores toda la tecnología de forma gratuita, ¡y sin descargas ilegales! Todos ganamos, la pena es que sea una plataforma desconocida para muchos, que prefieren seguir robando a los escritores, músicos o cineastas- Lo siento pero soy muy radical en este tema».

Y nosotros somos radicales e intransigentes. No robarás; tampoco cultura. No matarás, tampoco libros. Cuando alguien daña un libro, daña a todas las Marías Sicre que hacen posible una biblioteca. Ya sea en Almería ya sea en Fisterra o en Burgos. De norte a sur hay este tipo de espacio sagrado que es de todos.

“Porque aunque muchos piensen que las bibliotecas son el pasado, es todo lo contrario. Somos el futuro, somos la oportunidad para todos aquellos que la vida se la niega; somos el refugio del lector, los viajeros en el tiempo, y todo de todos, un servicio público para todos».

Palabra de aquella niña que quería ser bibliotecaria; que hoy es una gran bibliotecaria. #labibliotecasomostodos

“Porque las bibliotecas somos el futuro, el refugio del lector; somos los viajeros en el tiempo, y todo de todos, un servicio público para todos»

* Y si te ha gustado ‘La niña que soñaba con bibliotecas’, espérate a leer la historia de una librería, Noviembre. «Sólo entendemos la lectura como un acto de transformación, conmoción, emoción. No podemos ser los mismos al empezar que al terminar una lectura. No pasa con todos los libros, por supuesto, pero sí con algunos», dicen sus propietarias y protagonistas Cèlia y Mónica. Lo mismo nos ocurre tras leer su reportaje. Nada será igual. Y  no es una amenaza.

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